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Del Toro, un lobo solitario en Montreal

hace 4 horas
4 min de lectura
▲ Isaac del Toro (arriba a la izquierda) tuvo una descomunal carrera en la que recorrió en solitario 100 kilómetros en la competencia. En el podio, Mathieu van der Poel (Países Bajos) fue tercero, el estadunidense Brandon McNulty (al centro) se llevó el primer lugar, y Michael Matthews, de Australia, quedó en segundo (derecha).Foto Afp
▲ Isaac del Toro (arriba a la izquierda) tuvo una descomunal carrera en la que recorrió en solitario 100 kilómetros en la competencia. En el podio, Mathieu van der Poel (Países Bajos) fue tercero, el estadunidense Brandon McNulty (al centro) se llevó el primer lugar, y Michael Matthews, de Australia, quedó en segundo (derecha). Foto Afp

Isaac del Toro se derrumbó al terminar la carrera. Simplemente se sentó en el pavimento y lloró a plenitud. A saber si eran lágrimas de liberación, después de más de seis horas de sufrimiento, por el quinto lugar conseguido, a un segundo de distancia para subir al podio, o por los últimos 100 kilómetros que corrió completamente solo, sin un compañero que lo protegiera, en una carrera de 273.4 kilómetros del Campeonato Mundial en Montreal.


Sólo él sabía qué atravesaba en ese momento. Pero la multitud de mexicanos que en Montreal le cantaba para animarlo consiguió devolverle la sonrisa. El joven de 22 años se reanimó ante el entusiasmo de quienes le celebraban una proeza del ciclismo mexicano: por primera vez, México colocaba a un corredor entre los cinco primeros de un Mundial.


Fue una carrera desgastante, exigente y abierta hasta el último tramo, salvo para el ganador, el estadunidense Brandon McNulty, quien se despegó cuando faltaban poco más de 30 kilómetros y nadie pudo darle alcance. Cruzó la meta en 6:17.04, 13 segundos antes que Michael Matthews y Mathieu van der Poel, segundo y tercero, respectivamente. Esta victoria devolvió un título mundial a Estados Unidos, que no conseguían desde 1993 cuando lo ganó el ángel caído Lance Armstrong.


Del Toro resistió ataques y mantuvo la posición sin equipo que lo apoyara durante más de una tercera parte de la carrera. Terminó quinto, en 6:17.18 a 14 segundos del campeón y apenas a uno del podio. Lo que hizo el de Ensenada fue una proeza: recorrió 100 kilómetros sin gregarios y aun así mejoró dos posiciones respecto del sépti-mo lugar que consiguió el año pasado en Ruanda.


McNulty no partía entre los grandes favoritos. El nombre que concentraba buena parte de los pronósticos era el belga Remco Evenepoel, quien terminó duodécimo, a 25 segundos del estadunidense. El doble campeón olímpico, cuatro veces monarca mundial de contrarreloj y campeón de ruta no tuvo piernas para disputar la victoria cuando la carrera entró en su fase decisiva.


Del Toro, en cambio, resistió la presión de quienes durante las dos últimas vueltas intentaron deshacer el grupo. En estos finales, antes de que alguien lance un ataque definitivo, hay que vigilar y desgastar a los rivales directos. Evenepoel terminó por ceder; Paul Seixas, uno de los corredores que había acompañado a Del Toro en la persecución, también perdió terreno; y Primoz Roglic, después de encabezar durante varios kilómetros los intentos por acercarse a McNulty, se quedó sin piernas y terminó en el lugar 21, a 3 minutos y 29 segundos del campeón.

Gloria y olvido

El ciclismo es un deporte donde el ganador se lleva la gloria y quienes lo ayudaron a conseguirla quedan condenados al olvido. Los gregarios son los encargados de proteger al líder del viento, cerrar los huecos, responder los ataques, marcar el ritmo y llevarle agua y alimento. Sin ellos, el capitán queda convertido en un alma solitaria y vulnerable.


Al comienzo de la carrera, el equipo mexicano estuvo al frente para mantener la fuga y proteger a Del Toro. Todos hicieron su parte en la medida de sus posibilidades. Pero ninguno de los cinco compañeros que salieron con él pertenece al World Tour, la máxima categoría del ciclismo en la que compite Isaac. El más cercano en la estructura profesional es Édgar Chucky Cadena, corredor de nivel Continental, la Tercera División.


Poco a poco quedaron fuera. Primero Carlos García, luego Ulises Castillo, después José Antonio Escárcega. Hasta que Del Toro se quedó con Cadena y Éder Frayre, quienes colaboraron mientras les fue posible. Después le tocó pelear solo contra todo: el circuito, el cansancio y un pelotón que no daba tregua.


Hasta la última vuelta la carrera estuvo abierta. En el grupo perseguidor, donde permanecían quienes todavía podían aspirar al campeonato o al podio, los competidores se movían como piedritas de un caleidoscopio: uno aceleraba, otro respondía y otros se destrozaban para no quedar atrás. Mientras tanto, McNulty corría libre y llegó a tener más de un minuto de ventaja.


Pero el estadunidense no estaba solo. Sus compatriotas Quinn Simmons y Matteo Jorgenson formaban parte del grupo perseguidor y podían pelear a su favor. Cuando McNulty tomó la iniciativa, sus compañeros quedaron detrás para contener los intentos de persecución.


Entonces todo se convirtió en un drama de dudas y sorpresas que se deshacía y volvía a formarse cada pocos kilómetros. Ninguno quería colaborar con nadie. Roglic asumía por momentos la punta del grupo que intentaba acercarse, sin conseguirlo. Van der Poel se atrasaba; Tom Pidcock metía presión; Del Toro respondía junto con Seixas o Ben Healy para no perder contacto. Dejar que se abriera un hueco significaba quedar fuera de combate.

Y McNulty seguía inalcanzable.


En los últimos kilómetros llegó la avalancha definitiva entre todos aquellos que querían un poco de gloria: si no el primer lugar, al menos un peldaño del podio. Y Del Toro lo tuvo al alcance. A un segundo.


Pero en esta batalla, hasta el último centímetro de la carretera, nada estuvo definido.


Después de seis horas y 17 minutos sobre la bicicleta, el joven mexicano se sentó en el pavimento y lloró. Quien sabe si para liberar las emociones acumuladas, por el dolor físico o por la impotencia de quedar tan cerca de la gloria. O sólo por el alivio que significó que después de correr 100 kilómetros en absoluta soledad, por fin podía dejar de pedalear.


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