Despiden a Vicente Quirarte, “artesano de la palabra y caballero de las letras”
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El fallecimiento de Vicente Quirarte Castañeda a los 72 años, acaecido el martes pasado, ha dejado un profundo vacío en la comunidad literaria y universitaria de México, según coincidieron ayer familiares, colegas y amigos durante las exequias en una agencia funeraria al sur de la capital mexicana.
“Perdemos a un gran escritor, a un gran poeta y ensayista, a un gran profesor, a un gran ser humano. Vicente era grande en todo y un extraordinario ser humano. Un ser humano hermoso”, sostuvo el historiador Javier Garciadiego.
El reconocimiento a su legado no se hará esperar. La UNAM, institución a la que Quirarte estuvo estechamente vinculado, preparará un tributo en su memoria, anunció el rector Leonardo Lomelí.
“Le hicimos un homenaje hace unos meses, sin duda ésta es una ocasión que ameritará uno nuevo para reflexionar y revalorar su obra, así como para darla a conocer a las nuevas generaciones y mantener vivo su legado”, indicó.
“La universidad está de luto. Fue un gran universitario que tendió puentes entre las letras y la historia, y en general entre todas las humanidades, que tuvo además una participación institucional muy destacada como director del Instituto de Investigaciones Bibliográficas y como integrante de la Junta de Gobierno. Siempre fue un universitario muy comprometido con su alma mater”, agregó Lomelí.
“Lo recordaremos con gran afecto. La universidad pierde no sólo un gran académico, sino un gran ser humano. Pero el consuelo que nos queda es que tenemos su obra para recordarlo, y mientras sigamos difundiéndola y dándola a conocer a las nuevas generaciones, seguirá estando con nosotros”.

El rector de la UNAM encabezó, junto con el escritor Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025 y director de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), un homenaje póstumo al también docente e investigador.
Éste consistió en una guardia de honor ante el féretro en la que también participaron académicos, intelectuales e investigadores, entre ellos los escritores Silvia Molina, Jorge Ruiz Dueñas, Rosa Beltrán, Adolfo Castañón, Liliana Weinberg y Rodrigo Martínez Baracs.
Al término de la ceremonia, el músico y periodista Xavier Quirarte, su hermano, informó que la biblioteca personal del escritor e investigador será donada a la AML –de la que Vicente Quirarte era miembro de número desde 2002– y precisó que el autor dejó pendientes dos volúmenes de escritores mexicanos en Nueva York del siglo XIX al XXI.
Por su parte, Celorio refirió que, en el momento de su partida, Quirarte trabajaba en un proyecto editorial de gran envergadura: la edición ecdótica (lo más apegado a la voluntad del autor) de Santa, la novela de Federico Gamboa.
“El manuscrito de Santa está en la biblioteca de la academia. Vicente llevaba trabajando mucho tiempo. Esperamos que podamos continuar con su labor hasta poder publicar esta obra importantísima”, añadió el director de ese organismo.
Aclaró que la AML no tiene pensando un tributo en lo inmediato: “tenemos la costumbre en la academia de guardar un duelo durante un año. Cuando se cumpla, la silla que lamentablemente dejó vacante se pondrá a concurso y será entonces cuando le rindamos el homenaje que merece”.
La sala de la agencia funeraria fue insuficiente para la cantidad de personas que asistieron a la ceremonia. Un conjunto heterogéneo en el que lo mismo había artistas visuales –como la pintora Carmen Parra– que escritores, poetas –como Coral Bracho y Myriam Moscona–, historiadores –entre ellos Ángeles González Gamio– investigadores, funcionarios culturales y directivos universitarios.
“Es una ocasión muy dolorosa despedir a Vicente Quirarte. Una persona noble, decente, íntegra. Un artesano de la palabra y un caballero de las letras. Pero sobre todo, un universitario. Mis condolencias a todos los universitarios y a todos los que tienen un libro en la mano”, externó el ensayista y narrador Adolfo Castañón, visiblemente afectado.
El escritor Benito Taibo, quien lo conoció en 1977, lo definió como “una guía, un ejemplo de rectitud, de nobleza, de generosidad”. Otros colegas, como Jorge Comensal, subrayaron su faceta como mentor generoso, que donaba libros y recomendaba lecturas a jóvenes escritores.
“Era un lector genuino, no alguien que estaba nada más atento a lo que le quedaba más cerca, sino que se proyectó muchísimo”, cerró Comensal, director de la Revista de la Universidad de México.

















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