Introducen en ratones un gen más antiguo que la propia vida y empiezan a ocurrir “cosas extraordinarias”
- 29 jun
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Un experimento logró crear un ratón con herramientas genéticas de microbios de hace 1.000 millones de años. La complejidad biológica animal apareció antes que los tejidos avanzados.

Una fascinante investigación científica ha sacudido los cimientos de la biología evolutiva al demostrar que los componentes básicos de la complejidad biológica aparecieron mucho antes que los propios tejidos avanzados. El revolucionario estudio, publicado en la revista Nature Communications, detalla cómo un equipo de especialistas ha logrado un hito histórico al generar un espécimen vivo de ratón utilizando herramientas moleculares procedentes de organismos unicelulares que poblaban la Tierra hace casi 1.000 millones de años, abriendo una ventana inédita al pasado de nuestro planeta.
Los autores del trabajo decidieron explorar los límites de la genética introduciendo fragmentos de ADN de estos antiguos seres vivientes en células de mamíferos modernos. El experimento se centró en los denominados coanoflagelados, unos microbios primitivos considerados los parientes independientes más cercanos de todo el reino animal. Para sorpresa de la comunidad científica, el genoma de estos seres primigenios alberga versiones muy arcaicas de las familias génicas Sox y POU, unas estructuras que hasta este momento se creían exclusivas de los animales complejos.
Herramientas genéticas ancestrales

La investigación determinó que estas secuencias reguladoras desempeñan un papel fundamental en la reprogramación celular de los mamíferos, una función que se pensaba que había evolucionado de forma tardía. Los científicos introdujeron los genes ancestrales de coanoflagelados en células de ratones para sustituir el mecanismo nativo denominado Sox2. El resultado de esta sustitución molecular fue la exitosa transformación de las células receptoras en células madre pluripotentes inducidas, conocidas bajo las siglas iPSC, las cuales recuperaron la asombrosa capacidad latente de convertirse en cualquier tejido biológico.
El éxito del procedimiento alcanzó su punto álgido cuando estas células madre reprogramadas de manera artificial se implantaron con éxito en un embrión de roedor en fase de desarrollo. Con este paso crucial se permitió la gestación de una quimera, un organismo vivo cuyo cuerpo está constituido por líneas celulares con dos tipos de material genético completamente distintos. El ejemplar nacido mostró de forma evidente la influencia de las instrucciones genéticas primitivas a través de rasgos físicos visibles, manifestando parches de pelaje negro y ojos oscuros bien definidos.
Continuidad en la evolución
Este hallazgo transforma radicalmente las teorías previas sobre el origen de los seres vivos multicelulares y la especialización de los tejidos corporales. Las conclusiones sugieren que las herramientas biológicas destinadas a la diferenciación celular aparecieron mucho antes de que existieran los propios animales. El doctor Alex de Mendoza, uno de los autores principales del artículo científico, declaró de forma de forma textual respecto al hallazgo: "Al crear con éxito un ratón utilizando herramientas moleculares derivadas de nuestros parientes unicelulares, somos testigos de una extraordinaria continuidad de funciones a lo largo de casi mil millones de años de evolución".
La presencia de estos mecanismos en organismos que no poseen tejidos diferenciados plantea nuevas preguntas sobre las funciones originales de estas secuencias de ADN en el pasado remoto. El propio investigador madrileño detalló la relevancia de este hecho al constatar las características de los microbios analizados: "Los coanoflagelados no tienen células madre, son organismos unicelulares, pero tienen estos genes, probablemente para controlar procesos celulares básicos que los animales multicelulares probablemente reutilizaron más tarde para construir cuerpos complejos", reflejando una asombrosa plasticidad evolutiva a lo largo de la historia.
Futuro de la medicina
Las aplicaciones prácticas de este descubrimiento se extienden de manera directa hacia el campo emergente de la salud humana y la bioingeniería. El conocimiento exacto de las raíces más profundas de estos componentes de control genético ofrece a los expertos una perspectiva renovada para el diseño de terapias avanzadas. La comprensión de cómo estas estructuras moleculares han operado estables durante cientos de millones de años dota a los laboratorios de estrategias optimizadas para manipular la pluripotencia en tratamientos médicos actuales.
El potencial de este avance científico podría transformar los protocolos de desarrollo de tejidos orgánicos en entornos de investigación médica controlados. Al respecto de estas prometedoras implicaciones institucionales, el doctor Ralf Jauch, coautor de la publicación académica, remarcó la utilidad de mirar hacia el pasado biológico de la Tierra afirmando: "Estudiar las raíces antiguas de estas herramientas genéticas nos permite innovar con una visión más clara de cómo se pueden ajustar u optimizar los mecanismos de pluripotencia", marcando el inicio de una nueva era en la medicina regenerativa contemporánea.

















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