Sustancias sicodélicas podrían ayudar a frenar el Alzheimer, plantean investigadores mexicanos
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Por décadas, la ciencia ha intentado combatir el Alzheimer atacando unas proteínas que se acumulan en el cerebro: placas de beta-amiloide y los ovillos de tau. Pero los medicamentos desarrollados para eliminarlas “han sido decepcionantes”: no han logrado detener la enfermedad. Ahora, dos científicos mexicanos proponen cambiar el enfoque por completo.
Los doctores en ciencias Fernando Minauro Sanmiguel, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y Héctor Vargas Pérez, del Instituto de Medicina Intercultural Nierika, acaban de dar a conocer los resultados de su más reciente investigación conjunta.
Lo hacen en el artículo Hallucinogenic Therapy in Alzheimer's Disease targeting Mitochondria Associated Membranes (Terapia alucinógena en el Alzheimer dirigida a las membranas asociadas a mitocondrias), publicado en la más reciente versión impresa de la revista Neuroscience, una de las más prestigiadas en el campo de las neurociencias a escala mundial.
En ese artículo, los investigadores proponen un “modelo mecanístico”: utilizar compuestos sicodélicos no por sus efectos perceptuales, sino para reparar el funcionamiento de las mitocondrias, las estructuras que generan energía dentro de las células.
Su propuesta ha sido bien acogida por la comunidad científica internacional, pero ellos mismos aclaran que aún es una hipótesis basada en experimentos de laboratorio.

Mitocondrias, “pequeñas baterías”
“No estamos diciendo que ya tengamos un tratamiento”, explican en entrevista con La Jornada . “Lo que planteamos es una hipótesis fundamentada en evidencia preclínica. En ningún momento proponemos que los pacientes tomen drogas”.
Destacan que, para entender su idea, primero hay que conocer las mitocondrias, esas estructuras diminutas que están dentro de las células y funcionan como “pequeñas baterías”. En el caso del cerebro, precisan, generan la energía que las neuronas necesitan para pensar, recordar y mantenerse vivas.
“Durante años –asientan–, se pensó que las mitocondrias sólo servían para dar energía. Hoy se sabe que también regulan el calcio, controlan el estrés celular y deciden si una neurona vive o muere”.
En el Alzheimer, revelan, estas “baterías” empiezan a fallar mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Según la “Hipótesis de la cascada mitocondrial” –que ellos retoman y desarrollan en su artículo–, ese fallo es “el verdadero detonante de la enfermedad”.
Las placas y los ovillos vendrían después, como consecuencia, no como causa principal, detallan. “El Alzheimer se parece cada vez más a un trastorno metabólico del cerebro”, agregan. “Las mitocondrias fallan años antes de los primeros síntomas. Si pudiéramos intervenir en ese momento, quizá cambiaríamos la historia de la enfermedad”.
El estudio revisa experimentos en células y animales que sugieren que algunos compuestos sicodélicos podrían reparar las mitocondrias dañadas. “No por sus efectos alucinógenos, sino porque activan mecanismos de reparación dentro de la célula”, precisan los autores.
Minauro y Vargas identificaron dos vías principales. La primera es a través de la serotonina, al encontrar que compuestos como la psilocibina (la sustancia activa de ciertos hongos), el LSD (dietilamida del ácido lisérgico) o la mescalina (contenida en el peyote) activan unos receptores llamados 5 HT2A. Al hacerlo, aseguran, reducen la inflamación en el cerebro, ayudan a las neuronas a crear nuevas conexiones y estimulan la producción de mitocondrias nuevas.
La otra vía es a través del receptor Sigma 1. “Otras moléculas, como la DMT (dimetiltriptamina) y la 5 MeO DMT, se enganchan a una proteína llamada receptor Sigma 1”, explican, y añaden que ésta clave entre las mitocondrias y otra estructura celular conocida como retículo endoplasmático.
A esa zona de contacto los científicos la llaman “membranas asociadas a mitocondrias”, que es lo que menciona el título del artículo. Allí, el receptor Sigma 1 ayuda a que el calcio fluya correctamente, mejora la producción de energía (ATP) y disminuye el desgaste celular.
“En el Alzheimer, esa comunicación se rompe”, detallan los investigadores. “En modelos preclínicos, compuestos como la DMT se unen al receptor Sigma 1 y restauran el diálogo entre las dos estructuras. Mejoran la producción de energía, reducen el estrés oxidativo y las neuronas se vuelven más resistentes”.
Los autores insisten en que toda esta situación se ha visto en laboratorio, no en personas. “No hay ningún estudio clínico que demuestre que un sicodélico modifique la progresión del Alzheimer en personas”, recalcan. “Por eso reiteramos: no proponemos que los pacientes tomen drogas. La distancia entre un mecanismo biológico y un tratamiento seguro es enorme”.
Vargas y Minauro son muy claros sobre los riesgos. Muchas personas con Alzheimer también sufren depresión, ansiedad, agitación o incluso sicosis. En esos casos, una dosis que altere la percepción podría causar confusión, angustia o empeorar la conducta, alertan.
“No se trata de dar hongos a los pacientes en casa ni llevarlos a ceremonias de ayahuasca, hoy tan en boga”, subrayan. “Cualquier aproximación clínica tendría que ser extremadamente cuidadosa”.
Ante ello, proponen que el camino hacia posibles tratamientos debería incluir el desarrollo de microdosis o compuestos no alucinógenos que actúen sobre el receptor Sigma 1 sin alterar la conciencia, una selección estricta de pacientes que evite a quienes tienen sicosis activa, y el “uso de biomarcadores”, es decir, análisis que permitan medir si las mitocondrias realmente están mejorando.
De acuerdo con los autores, que este trabajo haya sido publicado en la versión impresa de Neuroscience –una revista de la International Brain Research Organization (IBRO), que agrupa a sociedades de neurociencia de más de 80 países– es de gran relevancia para la comunidad científica nacional.
Cambiar paradigmas
“Es un reconocimiento a que la ciencia que se hace en México puede aportar ideas disruptivas”, consideran. “No sólo seguimos líneas importadas; también generamos hipótesis originales con potencial de cambiar paradigmas”.
De acuerdo con los investigadores mexicanos, el Alzheimer es una enfermedad compleja, y es probable que se necesiten estrategias combinadas. “Pero si logramos demostrar que restaurar la función mitocondrial frena el deterioro cognitivo, habremos dado un giro tan importante como el que supuso en su momento la hipótesis amiloide (que intenta explicar la causa de ese padecimiento). La diferencia es que ahora tenemos herramientas mucho más precisas para hacerlo”, finalizan.

















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