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Un nuevo estudio pone en duda el destino final de la Tierra

  • hace 1 hora
  • 5 min de lectura

Gracias a nuevas simulaciones astronómicas, la afirmación de que la Tierra será engullida por el Sol ya no parece una verdad absoluta porque el futuro de nuestro planeta podría ser más incierto.

En muchas ocasiones, y sobre todo ocurre en ciencia, una idea que creemos verdadera, se vuelve verdad o es refutada cuando la enfrentamos y la contrastamos con la evidencia, con la propia realidad. 


Sin embargo, existen fenómenos sobre los que solo podemos formular hipótesis, pues pertenecen a un futuro tan lejano que ninguna observación directa puede confirmarlos todavía. 


Un claro ejemplo de ello es lo que sucederá con la Tierra dentro de unos 5 mil millones de años. 


Aunque actualmente se baraja la hipótesis de que será engullida por el Sol cuando éste comience a convertirse en una gigante roja, no se sabe con toda certeza qué sucederá (ni siquiera sabemos si la vida, dentro de cientos o miles de años, persistirá o morirá). 


Durante décadas, en cualquier libro de texto, y actualmente en internet, nos hemos acostumbrado a leer que “la Tierra será engullida por el Sol”. Pero, ¿qué tan cierto es esto?

Con la intención de saber qué podría suceder (una de las características innatas de los seres humanos es nuestra capacidad de predicción y nuestra tremenda curiosidad por las cosas) un grupo de astrónomos acaba de dar a conocer una nueva hipótesis la cual consiste en predecir, a través de simulaciones por computadora, justamente, lo que le podría ocurrir a la Tierra, al Sol y a todo el Sistema Solar.


Lo más notable es que los autores (el trabajo ha sido publicado en la prestigiosa revista Astronomy and Astrophysics) no se limitan a repetir los modelos clásicos, sino que calculan desde principios físicos la interacción entre las mareas estelares y la pérdida de masa solar.


Pero vamos por partes: cuando el Sol se convierta en gigante roja, dentro de millones de años, ocurrirán dos proceso opuestos: por un lado, éste se expandirá y crecerá enormemente, tanto así que alcanzará dimensiones cercanas o superiores a la órbita actual de Venus


Si solo consideráramos la expansión física de la estrella –del Sol– parecería inevitable que la Tierra fuera tragada por éste. 

Al mismo tiempo, expulsará una gran cantidad de masa mediante vientos solares. Y, cuando una estrella pierde masa, normalmente su gravedad disminuye, las órbitas planetarias se expanden y los planetas se alejan gradualmente

Algunos planetas del Sistema Solar fotografiados por el Telescopio Espacial Hubble. Imagen: NASA.
Algunos planetas del Sistema Solar fotografiados por el Telescopio Espacial Hubble. Imagen: NASA.

Ahora bien, la pregunta es: ¿la Tierra se alejará lo suficientemente rápido para escapar de la inevitable expansión solar?


La principal aportación de este nuevo trabajo es el hecho de dar cuenta de que cuando una estrella (una gigante roja, por ejemplo) interactúa gravitacionalmente con un planeta cercano, como podría ser la Tierra, se generan mareas similares a las terrestres, pero mucho más intensas. 


Estas mareas producen disipación de energía, así como la transferencia de momento angular. 


La transferencia de momento angular ocurre cuando un objeto le cede parte de su rotación a otro objeto. También sucede una pérdida gradual de distancia orbital, lo cual significa que un planeta se va acercando, poco a poco, al Sol. 


En otras palabras, las mareas tienden a acercar cualquier planeta a la estrella que la hospeda. 


Además, durante muchos años, una gran cantidad de estudios dieron por sentado que, si una estrella como el Sol entraba en sus etapas finales de evolución, existiría una alta disipación de marea. 


Con este modelo de alta disipación de marea, la Tierra perdería en el futuro energía orbital, migraría lentamente hacia el Sol y, finalmente, terminaría siendo engullida por éste.


Imagen artística del efecto marea en el Sol. Imagen generada por IA.
Imagen artística del efecto marea en el Sol. Imagen generada por IA.

 El nuevo trabajo propone que las mareas pudieran ser significativamente menos eficientes, más débiles, de lo que se suponía en muchos trabajos anteriores. Y, si las mareas son menos eficientes de como se pensaba, entonces la órbita terrestre se expande más y aumenta la probabilidad de supervivencia de un planeta, en este caso el nuestro.


Por otra parte, la mayoría dábamos por sentado que el Sol se convertirá en una gigante roja. Esto es verdad, pero tendrá una segunda fase crítica –muy importante– denominada Rama Asintótica de las Gigantes (AGB, por sus siglas en inglés). 


En esta etapa Asintótica, nuestra estrella será extremadamente grande, perderá masa de manera muy intensa y, además, expulsará sus capas externas. 


Así, los resultados de la investigación muestran tres posibles resultados para el futuro de la Tierra. 


En un escenario muy pesimista, existirán mareas relativamente fuertes y menor expansión orbital, por lo que esta terminará engullida por el Sol. 


En un escenario intermedio, existirán mareas moderadas y pérdida de masa, por lo que la probabilidad de que nuestro planeta sobreviva es mayor. 


Y, en un tercer escenario, el más optimista, existirán mareas débiles y la Tierra terminará orbitando la enana blanca en la que se convierta el Sol luego de dejar de ser gigante roja. 

Imagen artística de una estrella enana blanca. Imagen generada por IA.
Imagen artística de una estrella enana blanca. Imagen generada por IA.

Si es que la Tierra sobrevive, podría convertirse en un tipo de planeta que los astrónomos buscan alrededor de enanas blancas. Y es que, actualmente, se conocen numerosas estrellas enanas blancas contaminadas por material planetario en forma de gas y polvo. 

Y la pregunta entonces es: ¿qué porcentaje de sistemas planetarios logra sobrevivir a la muerte de su estrella?


Los autores de este artículo sugieren que los planetas como la Tierra podrían resistir más de lo que se pensaba y podrían tener una mayor tasa de supervivencia. 


Además, el destino de la Tierra y de otros planetas depende de procesos físicos muy sutiles que ocurren dentro del interior del Sol. Por lo tanto, el futuro de nuestro planeta, y quizá del resto de los mundos del Sistema Solar, no está totalmente definido como creíamos. 


Y lo más importante es que después de décadas de creer que su destino está completamente definido, este trabajo de investigación nos pone ante la incertidumbre y abre nuevos escenarios y posibilidades. 


Sin embargo, hay que ser cautos y no darlo como absolutamente verdadero ya que no es una demostración definitiva de que la Tierra sobrevivirá. De hecho, los propios autores destacan el hecho de que este es una mera hipótesis, aunque está basada en modelos computacionales que tienden a calcular todo con exactitud. 


Lo que sí es absolutamente cierto es que la capacidad de predicción de los seres humanos se vuelve cada vez más nebulosa conforme lo que estamos intentando predecir se encuentra más alejado en el tiempo


Por lo tanto, sería interesante saber, mediante los grandes telescopios con los que contamos actualmente, si existen planetas parecidos a la Tierra en donde sus estrellas estén terminando su periodo evolutivo. Solamente así podríamos tener puntos de referencia (basados en la observación de otros sistemas estelares) y generar una idea más clara de lo que podría suceder con el devenir del nuestro.


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