Más que un partido: Francia y Marruecos disputan un duelo marcado por la migración y la identidad
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El duelo Francia-Marruecos, con el que mañana arrancarán los cuartos de final del Mundial 2026 en el Estadio Boston, representa mucho más que un choque deportivo en el que se disputa el pase a las semifinales. Como analiza el experto en seguridad Ramón Cuerda Riva en el diario español on line Escudo Digital, es, ante todo, la escenificación sobre el césped “de las tensiones poscoloniales, los dilemas de los modelos de integración europeos y la emergencia de unas identidades transnacionales” que desafían el concepto clásico de ciudadanía territorial, en un contexto donde la seguridad urbana y el fenómeno migratorio marcan la agenda política del llamado Viejo continente.
Este choque entre Les Blues y Los Leones del Atlas llega precedido del rechazo de la FIFA al recurso de la Federación Francesa para anular la tarjeta amarilla mostrada al atacanque Michel Olise ante Paraguay por un choque ante Matías Galarza, dejando al atacante al borde de la suspensión para una eventual semifinal.
Didier Deschamps, el técnico galo, confirmó la decisión en conferencia de prensa. La apelación francesa se produjo después de la controversia generada por la suspensión provisoria de la expulsión de Folarin Balogun, decisión que permitió al delantero de Estados Unidos disputar el encuentro ante Bélgica antes de la eliminación de su selección.
Al margen de esa situación, este cotejo ha provocado la implementación de un férreo dispositivo de seguridad en París, ante los acontecimientos ocurridos hace cuatro años, cuando ambas escuadras se midieron en la semifinal del Mundial Qatar 2022, donde Marruecos cayó ante Francia 2-0.
Según cita el diario español AS al francés Le Parisien, la Prefectura de Policía, con el fin de evitar altercados en las calles de la capital gala, ha emitido una orden que permite el sobrevuelo de drones buscando detectar incidentes con rapidez. La medida incluye la prohibición de material pirotécnico y el cierre de estaciones del Metro, entre ellas las cercanas a Campos Elíseos, el epicentro de disturbios durante las últimas celebraciones de la Champions League.
Esta respuesta responde al miedo a que se repitan los desmanes de 2022, cuando se realizaron 266 detenciones en todo ese país —167 en París—, según consignó el diario Marca, que también documentó altercados en Bruselas, Bélgica, con enfrentamientos entre aficionados y la policía.

Asimilación e identidades trasnacionales
Este —en el papel— vibrante cotejo también reafirma un fenómeno creciente en el futbol mundial: la incorporación en selecciones nacionales de jugadores nacidos en países diferentes al que representan o de descendientes de diásporas migratorias. El caso del representativo francés representa el modelo republicano de asimilación.
Durante décadas, el éxito de Les Bleus se ha construido sobre los hombros de hijos y nietos de inmigrantes, como la mítica generación “Black, Blanc, Beur” (blanco, negro, árabe) campeona en 1998, explica Cuerda Riva, colaborador de la citada publicación española especializada en temas de seguridad.
El Estado galo, apunta, “ha utilizado el futbol como escaparate de su promesa universalista”: si naces en Francia y te educas en sus valores, eres plenamente francés. No obstante, enfrente está Marruecos, que encarna el auge de las identidades transnacionales. Los Leones del Atlas están compuesto mayoritariamente por futbolistas nacidos, criados y formados en Europa, agrega.
La lista incluye a Achraf Hakimi, Brahim Díaz y Chadi Riad, nacidos en España; Ayyoub Bouaddi, Neil El Aynaoui e Issa Diop, entre otros, en Francia; y en Países Bajos y Bélgica figuran nombres como Sofyan Amrabat o Bilal El Khannouss. Esos jugadores, poseedores de pasaportes europeos, eligieron voluntariamente defender la camiseta de la federación de sus progenitores, creando una paradoja que desafía el nacionalismo clásico, a decir del citado experto.
Tal fenómeno se enmarca en un contexto migratorio complejo. Como señalaba Federico Águila en el diario argentino La Nación en 2022, los marroquíes son considerados “ciudadanos de segunda en la rica Unión Europea”, y cada conquista de su selección se grita más que un gol.
En las calles de París, donde según datos del gobierno francés residen unos 300 mil marroquíes —2.2 millones en todo el país—, la diáspora vive con pasión cada partido, viendo en la selección un símbolo de orgullo que les conecta con sus raíces. El caso de Marruecos no es exclusivo. Un despacho de la Agencia France-Presse subraya que casi un cuarto de los mil 248 jugadores convocados para la Copa del Mundo 2026 representan a un país diferente al de su nacimiento.
Sin embargo, el combinado africano —el único sobreviviente de ese continente en esta ronda—, en su reciente empate 1-1 ante Brasil, se convirtió en el primer equipo en la historia de los Mundiales en tener en algún momento a 11 jugadores sobre la cancha nacidos fuera del país que representan.

















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