Perdidas, huellas de filmaciones de la masacre del 68 en Tlatelolco

Desde 1967, un año antes de que ocurriera la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, las movilizaciones y protestas estudiantiles que se desarrollaron en la capital del país fueron filmadas y proyectadas para el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Después de 58 años del 2 de octubre, nada se sabe de quién tiene todo ese material, sólo que Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría lo conocieron. Hace más de 20 años se difundieron algunas de las imágenes. La Jornada lo dio a conocer en conjunto con Canal 6 de Julio en el documental Las claves de la masacre, de 2002.
Pero nuevas pistas surgen en entrevista realizada con el documentalista Demetrio Bilbatúa quien asegura: Echeverría, a través de su jefe de prensa, Fausto Zapata Loredo, y personal del Estado Mayor Presidencial, requisaron todos los filmes que él conservaba de las movilizaciones ocurridas en la capital del país que desde 1967 hasta antes del 2 de octubre él grabó para el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Semilla de solidaridad
Regularmente las referencias a ese gran movimiento estudiantil en México se remontan a lo sucedido en la capital del país de agosto a los primeros días de octubre de 1968.
Sin embargo, en 1967 en el estado de Chihuahua se realizó una huelga estudiantil que es considerada la semilla de solidaridad y movilización universitaria con impacto nacional. Fue el caldo de cultivo de lo que después llevaría a la construcción del Consejo Nacional de Huelga en 1968.
Esa protesta, que aglutinó a 70 mil estudiantes de escuelas como el Instituto Politécnico Nacional (IPN), secundarias como la de Tlatelolco y la Escuela Nacional de Maestros, dio como resultado la creación de la Escuela de Agronomía de la Universidad Autónoma de Chihuahua en julio de 1967, aunque el conflicto no terminó en esa fecha.
El movimiento estudiantil de 1968 comenzó en la Ciudad de México el 22 de julio, a raíz de una gresca entre alumnos preparatorianos y politécnicos, y devino en una violenta persecución a estudiantes y críticos gubernamentales hasta transformarse en protestas masivas contra la represión gubernamental.
En ese contexto, Demetrio Bilbatúa, considerado el mayor documentalista de obra pública mexicana en la segunda mitad del siglo XX, narró que Díaz Ordaz no sólo era informado de cada marcha, sino que éstas eran filmadas para él: “Las marchas que hacían (los alumnos) del Politécnico y la universidad las filmaba yo porque era la forma de hacerle ver la dimensión que tenían las protestas estudiantiles que se generaron durante un año antes del 68”.
El material, añade Bilbatúa “se lo enseñaba a él en Los Pinos; lo veía el presidente y se daba cuenta de la dimensión que tenían esas protestas y también las que venían de la universidad por todo Insurgentes, (como) cuando (los estudiantes) marcharon con el rector (de la UNAM) Javier Barros Sierra.
Por libertades democráticas

David Roura, maestro rural, poeta y quien participó en 1968 como activista en el movimiento estudiantil, refiere que desde años atrás en México se venían “arrastrando muchísimas inconformidades y grupos estudiantiles de toda la República, como sucedía en la Universidad Nicolaíta (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo), en Michoacán, la Universidad de Chihuahua, la Universidad Autónoma Chapingo. Había muchos movimientos muy de vanguardia, de pensamiento democrático. No se proponía una revolución, nada más se exigían libertades democráticas”.
Miles de ciudadanos, amas de casa, obreros y particularmente estudiantes de universidades como la UNAM, el Politécnico, Chapingo, la Iberoamericana y muchas otras se unieron y plantearon un pliego petitorio, que entre otras cosas exigía la derogación del artículo 145 del Código Penal Federal que establecía la disolución social, en el que se castigaba con cárcel la protesta antigubernamental; se pedía la libertad de presos políticos como Demetrio Vallejo, líder de los ferrocarrileros; la desaparición del cuerpo de granaderos y la destitución de los jefes de la policía Luis Cueto y el general Raúl Mendiolea.
En la plaza se captó todo
Lo que sucedió en Tlatelolco no fue la excepción. Ese día, durante horas se filmó lo que ahí ocurrió. Ocho cámaras fueron instaladas alrededor de la plaza, una de ellas en el Edificio Chihuahua, como lo informó La Jornada el 22 de agosto de 2007.
El 2 de octubre en Tlatelolco el gobierno desplegó un grupo de ocho camarógrafos, encabezados por Servando González Hernández. Las cámaras se montaron en el Edificio Chihuahua, en la Iglesia de Santiago Tlatelolco, en la entonces Torre de Relaciones Exteriores, que actualmente es Centro Cultural de la UNAM, y desde allí se filmó todo lo que aconteció en la plaza hasta las 3 de la mañana del día 3 de octubre, declaró para La Jornada el también director de la película Viento negro (1964).
Servando González Hernández dirigió las grabaciones en Tlatelolco utilizando cámaras Arriflex de 35 milímetros y telefotos de hasta 400 milímetros, lo más avanzado para su época, del mismo tipo que las empleadas para grabar las Olimpiadas de ese año. Luego de ello fue nombrado director del Departamento de Cine de la Presidencia de la República.
El documentalista narró a La Jornada en 2007 que a las 3 de la mañana a él, sus camarógrafos y acompañantes, unos militares los sacaron de Tlatelolco y los llevaron a los Estudios Churubusco, donde se trabajó el material filmado.
A las 7 de la mañana, una vez que estuvo todo revelado, 14 rollos de 400 pies cada uno, el militar que lo había contratado se llevó todo, incluyendo los negativos; González Hernández aseguró: “y desapareció. Nunca supe de ese material. Ni he sabido quién lo tiene”.
En 1972, cuando ya Luis Echeverría Álvarez era presidente de la República, narró Demetrio Bilbatúa, a su estudio llegó Fausto Zapata Loredo, jefe de prensa del presidente.
Contó que las filmaciones de las protestas ocurridas en la capital del país en 1967 y hasta de la movilización del 2 de octubre “las tenía yo, todas, pero un día, y eso sí lo tengo que decir porque es la verdad auténtica, llegó Fausto Zapata Loredo, que era el jefe de prensa de Luis Echeverría (su cargo oficial era subsecretario de la Presidencia), y me dijo: ‘todo ese cuerpo fílmico nos lo vamos a llevar’, y se lo llevaron todo”.
Demetrio Bilbatúa señaló que Fausto Zapata llegó acompañado de personal del Estado Mayor Presidencial. “Me dijo: ‘todo ese archivo no puede estar en tus manos’, y lo entendí. Se llevaron todo el archivo para don Luis Echeverría, no sé si a Gobernación o a la casa de don Luis Echeverría, eso no me consta y no lo puedo definir, pero todo el archivo me lo quitaron y no tengo nada”.















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